Casi una semana después del peor accidente aéreo de su historia, Brasil vivió ayer una nueva jornada de fuertes trastornos, cuando la lluvia volvió a causar graves problemas al provocar el cierre del aeropuerto de Congonhas, en San Pablo, que derivó en la cancelación del 60% de los vuelos. En medio del caos, un organismo internacional sugirió que Brasil aceptara una intervención extranjera para poner fin al descontrol en que se sumió la aviación civil del país. Además, ayer se produjo un deslizamiento de tierra en la cabecera de la pista principal de Congonhas, cerrada desde el accidente. Según el ente estatal que administra los aeropuertos, Infraero, el Airbus A320 de TAM, al estrellarse, rompió una canaleta de desagüe, lo que provocó un deslizamiento de tierra que pone en riesgo el muro de contención del aeropuerto. La Defensa Civil de San Pablo interrumpió el tránsito de la avenida Washington Luis, que bordea el aeropuerto, y alertó sobre la posibilidad de nuevos deslizamientos de tierra. Un equipo de bomberos se encontraba anoche en el lugar para contener posibles nuevos deslizamientos o incluso el derrumbe del muro de contención de la terminal.
Mientras tanto, otra información que se conoció ayer golpeó al gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva. Los primeros datos obtenidos en los Estados Unidos de una de las "cajas negras" del avión de TAM que se estrelló el martes pasado en Congonhas indican que el piloto habría tratado de frenar el avión al aterrizar. Las condiciones de la pista, que no tenía grooving (ranurado), se lo habrían impedido. Inicialmente funcionarios del gobierno habían festejado -en una actitud polémica- la posibilidad de que el accidente hubiera sido causado por una falla técnica del avión (el reversor de la turbina, que ayuda a frenar, no funcionaba). Todo indica, de cualquier forma, que las causas son múltiples. Por un lado está confirmado que el reversor efectivamente no funcionaba y que algo ocurrió con el avión para que mantuviera durante el aterrizaje una aceleración alta hasta el final de la pista. Pero, además, la pista estaba resbaladiza y eso habría impedido frenar el avión antes de que atravesara la avenida que rodea el aeropuerto de Congonhas y explotara al chocar contra una estación de servicio y un edificio. El brigadier José Carlos Pereira, presidente de Infraero, ratificó su posición. "Vuelvo a afirmar: el resultado de las investigaciones va a comprobar que no hay relación directa con la pista. El resultado de las cajas negras va confirmar lo que digo." Los resultados preliminares que surgieron ayer lo contradijeron. El presidente de TAM, Marco Antonio Bologna, anunció ayer que ningún otro avión de la compañía aterrizará en Congonhas en días de lluvia hasta que no se termine el ranurado de la pista.

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