El caos se transformó en rutina. Mientras el gobierno brasileño intenta determinar las causas del accidente de TAM en el que murieron casi 200 personas y contener la crisis aérea, ayer más de la mitad de los vuelos en todo el país salió con atrasos. El aeropuerto de Congonhas estaba en una situación melancólica. Bajo una lluvia fina, la pista principal estaba sin uso, por determinación de la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC), que prohibió su utilización cuando llueve. En la cabecera de la pista, la barranca que separa el aeropuerto de la avenida Washington Luis se desmoronó anteanoche. Y del otro lado de la avenida, los bomberos trabajaban en busca de los últimos restos y pertenencias de los pasajeros (algunos no podrán ser identificados porque la explosión redujo todo a cenizas).
Desde Estados Unidos, donde son analizadas las dos cajas negras del avión, surgió otra información que indicaría que el piloto intentó frenar, pero por algún motivo no lo logró. Según los diputados Efraim Filho y Marco Maia, el avión aterrizó a la velocidad normal de entre 203 y 222 kilómetros por hora, y cuando se estrelló contra el depósito de TAM y la estación de servicio marchaba a 175 kilómetros por hora. Los legisladores viajaron a Estados Unidos para seguir de cerca la investigación. El resultado indicaría que el avión desaceleró, pero por algún motivo no logró detenerse. Las hipótesis continúan siendo las mismas: una falla mecánica, una pista con poca adherencia por la lluvia que caía entonces y un intento tardío del piloto de levantar vuelo nuevamente al percibir que no podría detenerse. La ANAC, para evitar cualquier riesgo, prohibió a las compañías que vendan más pasajes para vuelos que salgan desde Congonhas hasta que se defina cómo va a ser organizado el tráfico de ahora en más. En principio, la pista tendrá un uso reducido hasta que se concluya el grooving (ranurado que aumenta la adherencia de los neumáticos al suelo). Y no se lo utilizará más para realizar escalas ni para vuelos que demoren más de dos horas. Como Congonhas concentraba casi 80% de todos los aterrizajes y despegues de Brasil, la inutilización de la pista sobrecarga hoy los demás aeropuertos y provoca atrasos en todo el país. En San Pablo son usados los aeropuertos de Viracopos (Campinas, a 80 kilómetros de San Pablo) y el de Guarulhos, desde el que se demora casi una hora para ir hasta el centro (eso es más que los 45 minutos de vuelo que hay entre San Pablo y Río de Janeiro). Ayer el presidente de Infraero, José Carlos Pereira -uno de los funcionarios que deben ser removidos por Luiz Inacio Lula da Silva junto con el ministro de Defensa, Waldir Pires, cuando se realice la reestructuración de la aviación civil-, admitió que las situación es complicada. "Cuando uno tiene mil pasajeros con vuelos cancelados y al día siguiendo hay otros mil que tienen que ser reubicados, es obvio que se acumulan pasajeros. Si la situación continúa, el panorama va a ser caótico." Más caótico, parece difícil.
Fuente: Diario La Nación de Buenos Aires

No hay comentarios.:
Publicar un comentario