domingo, abril 24, 2005

China y Japón: su tensión

Durante las últimas tres semanas son sólo la punta del iceberg que separa a estos dos vecinos. El año pasado, cuando China se convirtió en el principal socio económico de Tokio, se pensó que la rivalidad histórica se vería despejada de una vez por todas. Pero las diferencias tienen raíces más profundas. La tensión que hoy se siente es producto de guerras y malentendidos que han estado vigentes por más de un siglo, al menos desde la guerra sino-japonesa de 1894. Oficialmente en 1972 se restauró la relación diplomática entre Japón y China, después de la disculpa pública de los japoneses por los horrores cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque habían tratado de mantener un tono amable en sus políticas bilaterales desde aquel entonces, es un hecho que actualmente la relación está pasando por el peor momento de los últimos 33 años. Lo cierto es que los líderes de ambos países no se visitan oficialmente desde 1999. Las razones para la rabia de los chinos son muchas. En la superficie está la publicación de unos libros escolares en Japón, en los que se trata de negar su pasado armamentista y violento, la represión y los crímenes cometidos contra el pueblo chino antes y durante la Segunda Guerra Mundial, principalmente la masacre de cientos de miles de civiles en Nanjing en 1937. Las protestas llegaron a tal extremo, que chinos enfurecidos destrozaron las ventanas de la embajada japonesa en Beijing, golpearon gravemente a dos hombres de nacionalidad nipona, rompieron carros fabricados en ese país, destruyeron restaurantes de sushi y comenzaron un serio boicoteo en contra de los productos importados del Japón. Ese tipo de protestas es inconcebible en un régimen tan estricto como el chino, donde las manifestaciones que no son del agrado del Politburó son reprimidas a sangre y fuego. Sólo es necesario recordar el trágico desenlace de las protestas estudiantiles en Tiananmen. La rivalidad ha sido constante a través de la historia, pero lo que había mantenido la calma durante los últimos tiempos era la visión que Japón tenía de su vecino. China siempre había sido mirado por el país del Sol Naciente como un territorio al cual se podía subyugar fácilmente, tal y como lo había hecho en múltiples ocasiones en el pasado. Japón nunca quiso pedir perdón de manera abierta por sus crímenes de guerra y en vez de pagar una indemnización al país continental, acción que demostraría al mundo un sentimiento de culpa, lo que hizo fue lavar sus pecados dando millones de yenes como ayuda. En parte gracias a este dinero, China logró fortalecerse y poco a poco fue alcanzando el estatus de potencia económica que hoy ostenta. En los últimos 10 años la economía china se ha multiplicado por tres, mientras que la economía japonesa se encuentra en una fase de desaceleración. De todas maneras, Japón es la segunda potencia económica del mundo, seguido por su vecino y rival.

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