jueves, junio 01, 2006

Hugo Chávez y Bolivia

Durante su estadía pública —y privada— de tres días en Bolivia del presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, la semana pasada, se produjeron una serie de excesos que fueron incluso reconocidos por las autoridades del gobierno del presidente Evo Morales. Los excesos —y esto no es poner la mirada sólo en las formas, como creen algunos militantes del Movimiento al Socialismo (MAS)— estuvieron presentes no sólo en las dilatadas y altisonantes intervenciones del presidente Chávez, sino también en las acciones sobredimensionadas y abusivas del cuerpo de seguridad del Jefe de Estado venezolano hacia los periodistas y las propias fuerzas militares y policiales de la nación. Una discusión tan importante como ésta no debería limitarse a comparar cómo fue en el pasado la injerencia e intervención de otras naciones para justificar las presentes y actuales intromisiones del Gobierno de Venezuela en las políticas y los procesos de cambio internos de Bolivia.

El punto es que el presidente Hugo Chávez confunde el escenario y cree que en Bolivia y sobre Bolivia puede decir y hacer todo lo que quiera, en tono antojadizo y, lo peor de todo, bajo la mirada encandilada y la impavidez de la Administración Morales. Chávez, cual si fuera agorero, dijo —entre las varias cosas a las que se refirió— que sigue en pie una conspiración contra el Gobierno de Bolivia y que la Embajada de Estados Unidos “ya está tratando de calentar las orejas de los militares bolivianos para ponerlos en contra del gobierno de Evo Morales”. Estas declaraciones, que resultan recurrentes de parte de Chávez y que han sido repetidas varias veces por el Primer Mandatario boliviano, siguen sin ser probadas fehacientemente, tal como se denuncia. El Presidente venezolano, entonces, no sólo llega al país para firmas de convenios o entregas solidarias sino también para hacer política y confrontar y, en ese sentido, hace declaraciones, revela, denuncia y además convoca, observa y aconseja a las FFAA bolivianas, a la ciudadanía, al partido de Gobierno y al Jefe de Estado boliviano.

El país no es un alfeñique para que se lo trate con paternalismo extremo y con solidaridad desmedida. Bolivia es y será una nación siempre agradecida con el apoyo que le otorga el Gobierno de Venezuela, así como lo es o lo sería con cualquier república que desee afianzar lazos de cooperación, sin condiciones ni posturas ni de ideologías ni de postulados. Bolivia está recuperando su altivez y lo único que se gana con la presencia excesiva de Hugo Chávez en los asuntos internos del país es contaminar el proceso de cambio que confronta la nación y que proseguirá, en breve, con la instalación, el debate y las resoluciones de la Asamblea Constituyente.

El presidente Morales es un líder legítimo, tiene una trayectoria político sindical de reivindicación indígena y de recuperación de la dignidad nacional, reconocida en el país y fuera de él que es muy distinta, y hasta diametralmente opuesta, a la del dignatario venezolano. Morales goza de una aceptación ciudadana singular del 81 por ciento y no requiere de imposturas de ninguna clase ni de consejos supranacionales. Bolivia es soberana y, así como decide sobre el destino de sus recursos naturales, debe defender —sin injerencias— sus espacios de determinación política y económica.
Editorial del diario La Razón de Bolivia

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